Sube él a la Presidencia de su país en una hora crítica, tal vez la más crítica desde aquella mañana en que la flota yanqui entró a la bahía de Tokio llevando a bordo de uno de sus barcos al general Douglas Mc Arthur. Hoy acechan a EEUU una recesión sin precedentes en los últimos 50 años cuando menos y por añadidura en el Medio Oriente y el Asia Meridional zigzaguea el combate de los insurgentes que han hecho, a ratos, de Bagdad una ciudadela de fuego.
Sin la recesión profunda, que tal vez se prolongue por todo el mandato constitucional, a la cual se añaden las guerras de Asia y Medio Oriente, Obama no habría llegado jamás a la Casa Blanca. Tal vez ni siquiera hubiera soñado con ser el jefe de Estado de un país tan racista como EEUU. Pero nada hace más milagros que el apuro.
Las comadres de Tovar, la ciudad donde nací, decían que Santa Bárbara era la santa más milagrosa porque siendo abogada de imposibles y patrona de apuros, eran sus feligreses aquellos sujetos cuya vida pendía de un hilo o en todo caso estaban amenazados por una acechanza letal.
Se necesitaba que EEUU tuviera en Asia y en Medio Oriente tres de los 100 Vietnam de que hablara el Che Guevara y una recesión, que ya la comparan con la de 1929, para que un mulato llegara a la Casa Blanca. Nada empuja más a las sociedades hacia delante que las crisis. Así como en los individuos el miedo hace milagros, en las sociedades ese cometido toca a las vicisitudes o dificultades que se asocian con las crisis. Hace 8 años, cuando ganó Bush, parecía que EEUU tenía por delante un envidiable panorama de progreso, poderío y bienestar. No fue así y las guerras de Afganistán e Irak, abusivas ambas, sin grandeza las dos e inmorales por añadidura, demostrarían cuán ilusorio o vidrioso era aquel cuadro. Los generales del Pentágono, los advisers del Departamento de Estado, creyeron que agredir a Irak y a Afganistán no acarrearía retos prohibitivos. Liquidado el comunismo internacional que por tres cuartos de siglo había animado o encarnado la rebelión en Afganistán e Irak, pensaron ellos, nohabría resistencia alguna.
Uno de los instrumentos de la dominación norteamericana sobre el Tercer Mundo, los ejércitos de cada país, ha caído víctima de la bancarrota moral. A todo esto se añade la depresión gravísima de la economía. EEUU intuye que necesita un paréntesis para pensar la estrategia que exige tan perentorio panorama de retos y peligros. Es eso lo que explica que un "negrito" de las banlieu de Chicago, hijo de un emigrante de Kenia, ciña desde el 20 de enero próximo la banda de los presidentes de EEUU. Tiempos extraordinarios demandan remedios extraordinarios también. Si los problemas del imperio norteamericano están en el Tercer Mundo, sobre todo en Asia y Medio Oriente, la receta sugeriría acudir a alguien que, por provenir de gentes oriundas de esas regiones, como paso indispensable, pueda entender el problema y asumir el desafío.
Parece mentira, pero los fanáticos musulmanes de Afganistán, Pakistán e Irak han asustado más al imperio estadounidense que el gran movimiento comunista internacional en tiempos de Lenin y Trotsky.
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